En la antesala a la vuelta de la democracia, el 18 de enero de 1983, durante el verano de exactos 40 años atrás, fallecía Arturo Illia.
Su gestión como presidente, es recordada por medidas como la anulación de los contratos con petroleras extranjeras firmados por Arturo Frondizi y el fortalecimiento de YPF; la sanción de la Ley de Medicamentos, que disponía el control de sus precios al considerarlos “bienes sociales”; las leyes de Salario Mínimo, Vital y Móvil y de Abastecimiento; la aprobación de la Resolución 2065 en las Naciones Unidas, fundamental en el reclamo de soberanía en torno a las Islas Malvinas; un fuerte impulso a la educación y una política económica que articulaba intervención estatal, distribución y fortalecimiento del mercado interno. Pero su gobierno también se encontró atravesado por enormes tensiones y conflictos, y búsquedas que en muchos casos no terminaron de profundizarse.
Pergaminense de origen y asentado en la provincia de Córdoba desde finales de los años veinte, acompañó su labor como médico con una activa militancia dentro del radicalismo. Fue opositor del conservadurismo en los ’30, cuando llegó a ser senador provincial, y luego vicegobernador de Córdoba entre 1940 y 1943, hasta la intervención provincial ordenada por la dictadura. En los años peronistas ejerció el cargo de diputado nacional y fue elegido gobernador en 1962, durante la presidencia de Frondizi, aunque no pudo asumir debido a una nueva interrupción del orden constitucional. Desde el Golpe de 1955 y el exilio de Perón, la creciente intervención de las Fuerzas Armadas en la política interna estaba orientada contra el peronismo, principalmente con la proscripción y la represión.
Producido el derrocamiento de Frondizi, asumió José María Guido, presidente provisional del Senado, quien continuó con una legislación represiva y proscriptiva hacia el peronismo. En ese contexto, Illia asumió la presidencia el 12 de octubre de 1963. Los escenarios de tensión empeoraron y con ellos también la gobernabilidad. La desconfianza hacia la democracia, el conflicto entre las dos ramas de la UCR (la intransigente y la del pueblo) discutiendo qué postura adoptar frente al peronismo post 1955, la persistencia del apoyo popular a Perón y las diversas expresiones de su movimiento, y la presencia amenazante de las FF AA –en el marco de la Guerra Fría– se habían convertido en factores de presión.
Entonces comenzaron (y escalaron) las críticas desde amplios sectores políticos, mediáticos y empresariales, con una campaña basada en un reclamo: “modernizar” el país. Entre abril y mayo el gobierno se negó a enviar tropas a la República Dominicana para tomar parte en la represión de un conflicto interno. Esto aumentó el malestar de las FF AA que querían congraciarse con EE UU.
El 27 de junio el Ejército ocupó las sedes de diferentes medios de comunicación y obligó al presidente a renunciar con un grupo armado en el despacho presidencial. Al día siguiente, los militares pusieron fin al gobierno de Illia mediante un nuevo golpe de Estado que no sería el último de la historia argentina.
Fuente: Tiempo Argentino













